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martes, 15 de marzo de 2016

Pasión Ciega


Ir a clase todos los días supone un sacrificio muy grande. Aunque, después de un tiempo, pasé a notar unos detalles que antes, mientras creía en el milagro de la educación, pues no los notaba.
El más reciente de estos detalles es un profesor de lengua y literatura que es muy apasionado por lo que hace, pero su pasión es una pasión ciega, es decir, es tan apasionado que llega al punto de que no le importa el exterior, se convierte entonces en un ser que hace de todo para realizar su función (en su cabeza será  de la mejor manera), pero pasa la impresión de que no le importa el otro. Sin embargo  el otro o la otra son los estudiantes, las estudiantes, partes importantísimas del proceso de enseñanza-aprendizaje.
Está clarísimo como el agua, limpio por supuesto, que nosotros alumnos y alumnas vamos a clase no para aprender, porque si el aprender fuera lo más importante no existirían los exámenes, y los exámenes sí, son los más importante en el proceso de enseñanza-aprendizaje del sistema educativo actual. Por eso todo lo que se pregunta en clase, todo el tipo de duda planteada siempre tiene un objetivo que es aprobar el examen final. De hecho cada vez que le preguntamos algo enseguida comentamos si lo que acabamos de ver vendrá en el examen, de qué manera podría venir dicha cuestión, dicho problema en el examen final, dejando claro que la intención no es aprender, la intención es prepararse para un desafío, para el examen. No es por acaso que pasada media hora de clase ya estamos todos con cara de aburrimiento con cara de cansancio porque de verdad las expresiones humanas no pueden mentir, nuestras palabras sí, podemos controlar, podemos ocultar lo que pensamos y dejar salir solo lo que nos interesa, pero cuando son expresiones se nota un montón como estar en clase es algo horrible.

Este profesor es el típico que le gusta pasarse un poco de la hora con la escusa de tirar dudas y solucionar problemas, pero cuando quedan 15 minutos para la siguiente hora o siguiente clase de otro profesor (eso quiere decir que ya ha cumplido el tiempo medio de una clase, pero si los alumnos deciden quedar 15 minutos más "no pasa nada"), todos empiezan a prepararse para irse, algo que le molesta, el ruido de las mochilas, de los cuadernos que están siendo guardados. Será por inocencia suya o porque de verdad sabe lo que está pasando y no le importa, pero ahí se ve una señal de que todos y todas ya no soportan seguir con la clase.
En este tipo de ambiente, con profesores parecidos a este serás un buen alumno o una buena alumna si te callas, si no molestas, si te haces invisible, contestando apenas cuando te pida el profesor.

sábado, 27 de septiembre de 2014

CARTA AL ESTIMADO PROFESOR


Buenas, me llamo Talles, soy su alumno, desde ahora le voy a tratar con el debido respeto así como a usted le gusta que hagamos en clase. He tomado esta decisión de escribirle una carta por dos motivos, uno, nadie lo haría, porque nadie tiene agallas, y segundo, ya no aguanto pasar por eso otra vez más, como en tantas otras asignaturas en las que ya tuve, sentirme agobiado en clase, sin tener la palabra, sin tener libertad de decidir sobre lo que quiero, como quiero y cuando quiero estudiar.
Primero me gustaría decirle que podríamos ser amigos, podría usted ser amigo de cualquiera en clase, eso estrecharía las relaciones entre profesor y alumno, así como intentó Francisco Giner de Los Ríos, en el siglo XIX , con la Institución Libre de Enseñanza (ILE),  algo tan increíblemente innovador para la época, y que tuve el placer de conocer a través de un profesor muy parecido a los demás en su didáctica, por falta de práctica, pero con una cierta dosis de crítica en sus pensamientos. Sé que según las leyes (invisibles) que rigen la educación, el contacto que debe tener el profesor y su alumno está estrictamente ligado al acto de (des)enseñar y (des)aprender, así el profesor ya no se importa o no puede ponerse en lugar del alumno, que por ejemplo, ya no puede o no quiere seguir repitiendo esta misma “misa”, levantar por la mañana, ir a la universidad (o escuela) y recoger apuntes. Pero intentemos llegar al punto que creo ser importante.
Usted nos pide que guardemos silencio, lo hago, y  creo, muy bien, pero no puedo soportar su manera de enseñar tan dictatorial. No se puede hablar, no se puede usar el teléfono móvil, no se puede a veces utilizar el portátil, porque uno u otro puede acceder a sitios prohibidos que no permite el profesor. Pero dígame usted, si ¿le gustaría estar aburrido en clase, con una persona dictando cosas que solo estudiaremos unas pocas semanas antes de los exámenes, sacaremos una nota y ya está, aprobaremos, y solamente habremos escupido en el examen las cosas que nos ha escupido usted en clase, y en el día siguiente ya no sabremos nada?
En sus clases me parece que intenta usted decir que nosotros somos los que tenemos que ganar su confianza, y no usted la nuestra. Su manera de enseñar es tan antigua como la forma de distribuir los pupitres en clase, que en otro edificio del campus aún son pegados al suelo. La tarima de donde imparte usted las clases solo sirve para diseminar la ideología de poder, con alguien en el centro de todo, y que monopoliza el conocimiento. Paréceme que es adverso a las tecnologías, y me parece muy contradictorio que nos hayan enseñado en el curso pasado que el nuevo profesor debe trabajar junto a las tecnologías y no rechazarlas, así me parece ilusorio, pues nuestros profesores en clase lo demuestran de otra manera.
Imagino que usted piensa estar enseñando de la mejor manera, pero ¿qué cree que está enseñando? Según Paulo Freire, en Pedagogía de La Esperanza, el hecho de un profesor enseñar cosas no nos hace discente sino el hecho de que aprendamos algo, a partir de ahí sí, nos tornamos alumnos, discentes. O sea no es solo impartir, dar órdenes como un general sino conocer al alumno, saber lo que ya sabe, enseñarle y buscar saber si ha aprendido, dándole libertar de decidir sobre su propio conocimiento.
El libro que estoy leyendo actualmente explicita bien lo que ocurre en las clases desde cuando éramos niños hasta ahora, y le garantizo, no ha cambiado nada. Se llama rEDUvolution, hacer la revolución en la educación, de María Acaso. En el hay cosas como, “lo que enseñan los profesores no es lo mismo que aprenden los alumnos”, cada uno tiene su particularidad, cada uno tiene su cultura distinta, aunque sean del mismo país, han crecido en familias distintas y con maneras distintas, o sea piensan distinto unos de los otros. El profesor debe ser un artista, y crear. Debe ser como un DJ, mesclar de todo para mostrarles en clase a sus alumnos. No nascemos sabiendo todo, cambiar es difícil, pero no es imposible, buscar ayuda es sensato, pues soportar la carga solo es demasiado complicado, pero si la divides con más gente por supuesto será más fácil de trabajar.
Desde ya dejo claro que estas son palabras de alguien que ya no soporta vivir en este sistema de reglas y obligaciones que supone la educación, donde imaginé tener aquí más libertad de que cuando era uno más en la multitud de alienados que es la sociedad actual. Dejo claro también que digo todo eso porque quiero cambiar también, por mucho tiempo me quedé callado sin expresar mis opiniones, y creo que si no digo lo que pienso nada cambiará, así debemos hacer todos. No quiero que piense que no es capaz, sino que puede cambiar, puede lograr hacer algo innovador, todos podemos.



viernes, 26 de septiembre de 2014

ENREDÁNDOSE EN LA EDUCACIÓN

Tenemos un sistema educacional caducado, una educación industrial en tiempos en los que necesitamos a una educación verdadera, una educación que dé poder crítico al pueblo.

Este es el primer paso del año académico de los muchos que todavía quedan. En una performance que visa dejar la marca de cada alumno involucrado en la responsabilidad de ser un educador desde ahora hasta el futuro. Marcas estas dejadas en la forma de textos, frases o dibujos relacionados con el libro que vamos a utilizar este curso, rEDUvoltion de María Acaso, pegados a hilos de lana, simbolizando el enredarse de los alumnos al tema. Esta performance estará en el campus Viriato de Zamora hasta que el tiempo decida que ya es la hora de cambiarlo a materia orgánica, es decir, se dejará que el tiempo y la naturaleza se encargue de disolverlo.
A seguir mi aporte a la performance.